Los aditivos alimentarios son sustancias que se añaden a algunos alimentos con el objetivo de mejorar su aspecto, sabor, frescura, conservación, entre otros. Laura Villalta, nutricionista, nos define cada uno de ellos en el siguiente artículo y nos alerta de la importancia de comprobar el etiquetado de los alimentos que consumimos a diario.

Debido al cambio que se ha llevado a cabo en la industria alimentaria donde cada vez hay más alimentos procesados e importados, se requiere de aditivos que aseguren la conservación, el aspecto, el sabor y todas las cualidades hasta que el producto llegue al consumir.

Diferentes tipos de aditivos

  • Aromatizantes: se añaden a los alimentos para mejorar su sabor y su olor. Se emplean en repostería, preparados lácteos, refrescos etc. En ocasiones se imitan sabores naturales.
  • Conservantes: Se utilizan para ralentizar el deterioro del alimento, son útiles para evitar contaminación por bacterias y moho, y así evitar enfermedades causadas por microorganismos, que en ocasiones podrían resultar mortales.
  • Colorantes: Se utiliza para potenciar el color, la industria alimentaria tiene muy claro que un color vivo será más atrayente para el consumidor y potenciará sus ventas.
    El comité encargado de velar por nuestra seguridad alimentaria (JECFA), evalúa los posibles riesgos que podrían tener los aditivos, y deben comprobar la inocuidad ya sean aditivos naturales o artificiales, y sobre esta base, cada país autoriza o prohíbe la utilización y sus dosis máximas diarias permitidas.
    Se determina que un aditivo es seguro cuando se puede consumir sin causar efectos negativos para la salud con la ingesta diaria admisible.
  • Otros como: antioxidantes, soportes, acidulantes, correctores de acidez, antiaglomerantes, antiespumantes, emulgentes, sales de fondo, edurecedores, potenciadores de sabor, espumantes, gelificantes, humectantes, almidones modificados, gases, estabilizantes, espesantes y potenciadores del contraste.

 

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La comisión del Codex Alimentarius, junto con la FAO y la OMS fija las dosis máximas que pueden ser utilizadas en alimentos destinados a consumo humano en todo el mundo, para así garantizar que si consumimos un producto importado cumplirá con las normas internacionales de seguridad alimentaria y por tanto, no supondrá ningún riesgo para la salud de los consumidores, partiendo de pruebas científicas.

El etiquetado de los alimentos debe ser claro, en la Unión Europea se ha establecido un reglamento que regula la inclusión de los aditivos en los etiquetados, que se pueden reconocer por un número precedido por la letra E.

El principal problema que se presenta en el consumo de alimentos con aditivos está en las cantidades, se establecen ingestas diarias admisibles, donde un aditivo no superará la cantidad máxima por alimento, pero con el aumento del consumo de ultraprocesados, es fácil y frecuente sobrepasar el máximo recomendado, ya que el total de alimentos que contienen aditivos va en aumento.

Una vez más, la importancia de comprobar el etiquetado y elegir alimentos frescos, naturales y de temporada en lugar de ultra procesados, evitará que acabemos consumiendo sustancias que en dosis elevadas podrían perjudicar nuestra salud.

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