¿Tu ginecólogo te ha recomendado que te hagas una amniocentesis y tienes dudas? ¿Quieres quedarte tranquila con el resultado, pero a la vez tienes miedo de que pueda haceros daño a ti o a tu bebé? 1 de cada 10 mujeres embarazadas en España se someten a esta prueba. Te explicamos en qué consiste, para qué se utiliza y qué puedes esperar de ella.

¿Qué es la amniocentesis?

Es una prueba de diagnóstico prenatal, es decir, sirve para detectar enfermedades en el feto. Consiste en analizar el líquido amniótico que rodea al futuro bebé, ya que este líquido contiene células fetales (lo que permite analizar su ADN), así como productos de desecho de su organismo que nos pueden dar información de la misma manera que lo hace un análisis de sangre o de orina.
Para poder realizar este análisis, es necesario introducir una aguja a través del vientre de la mujer embarazada (previa anestesia local, así que no sentirás dolor) y succionar una pequeña cantidad de líquido amniótico, por eso se trata de un procedimiento invasivo para el que es necesario tomar ciertas precauciones. Por ejemplo, deben esterilizar bien la zona donde se insertará la aguja y monitorizar constantemente mediante ecografía para controlar bien la aguja y mantenerla lejos del bebé.

¿Cuándo se hace una amniocentesis?

La amniocentesis siempre debe realizarse a partir de la semana 15 de embarazo, pues es cuando menos riesgos existen para el bebé.
Esta prueba se utiliza cuando se quiere confirmar o descartar una patología fetal:

  • Síndromes genéticos, como el Síndrome de Down, que es el más frecuente.
  • Enfermedad infecciosa que pueda afectar al feto, como el citomegalovirus o la toxoplasmosis.

Según los protocolos que se aplican en España, esta prueba se realiza cuando se ha detectado alguna anomalía en las ecografías de control o bien en las analíticas maternas que puedan indicar un síndrome genético o una infección que afecte al bebé. También se recomienda a las familias que tengan antecedentes de enfermedades genéticas o con embarazos anteriores en los que se detectara una trisomía (anomalía genética).
Finalmente, puede realizarse por petición expresa de la madre (electiva), aunque no haya motivos para sospechar de enfermedad genética, si ella lo desea para descartar la posibilidad de una trisomía que haya podido pasar desapercibida durante los controles ecográficos.

 

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Riesgos de la amniocentesis

Como toda prueba invasiva, la amniocentesis no está exenta de riesgos. Sin embargo, la larga experiencia con esta intervención (se realizó por primera vez en 1966) y todas las precauciones que se ponen en ella, los han reducido mucho.
Se calcula que el procedimiento conlleva un riesgo del 0,5 % de aborto espontáneo, es decir, aproximadamente 1 de cada 200 mujeres que se hacen una amniocentesis pueden sufrir un aborto. Además, hay otras complicaciones que pueden darse, como la pérdida de líquido amniótico o la hemorragia, que se dan aproximadamente en un 0,3 % de los casos.
Si vas a someterte a esta prueba, previamente te detallarán los riesgos que pueda haber en tu caso particular para que tomes la decisión adecuada con toda la información en la mano.

¿Y después de la amniocentesis?

Una vez te han realizado la amniocentesis, podrás marcharte a tu casa. Eso sí, deberás guardar reposo relativo (es decir, podrás levantarte brevemente para ir al baño, comer u otras necesidades básicas) durante 24 horas.
Además, si tu Rh es negativo y el de tu pareja no lo es, posiblemente te administrarán una inyección de “inmunoglobulina anti-D” durante las 72 horas tras la punción, para eliminar todo riesgo de que desarrolles rechazo hacia el Rh sanguíneo de tu bebé. El factor Rh, es el que determina si el tipo de sangre es positivo o negativo.

 

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*Contenido validado por el equipo médico de mediQuo.