Si padeces con frecuencia retortijones, diarreas o vómitos, puede que te preguntes si eres intolerante al gluten. Según la FACE (Federación de Asociaciones de Celíacos de España), un 1% de los europeos podrían ser celíacos, pero el 75% de ellos están sin diagnosticar. Esto se debe, principalmente, a que los síntomas son muy diferentes de unas personas a otras y a que el diagnóstico no es sencillo. Sin embargo, las molestias intestinales no son sinónimo de celiaquía así que ¡no te apresures a dejar el gluten todavía!

Pruebas necesarias para diagnosticar la Enfermedad Celíaca

No existe una sola prueba que determine con exactitud la intolerancia al gluten. Por eso, se suele utilizar una combinación de 3 pruebas distintas:

  • Serología (análisis sanguíneo), que identifica si nuestro cuerpo está fabricando anticuerpos contra el gluten.
  • Biopsia intestinal, que detecta si el intestino está sufriendo daño por la ingesta de gluten. En la biopsia se introduce una sonda hasta el intestino delgado y es necesaria anestesia.
  • Análisis genético, que determina si tenemos predisposición genética a padecer esta enfermedad. Este análisis se puede hacer en sangre o con una muestra de saliva.

Si de estas tres pruebas al menos dos son positivas, se suele identificar a la persona como celíaca. Aun así, ante resultados poco claros, se puede hacer una dieta de exclusión, que consiste en eliminar totalmente esta proteína de la dieta durante unos meses y después repetir las pruebas. Si en ese tiempo el intestino se ha recuperado y han desaparecido los síntomas, se diagnostica celiaquía.

¿Puede hacerme daño el gluten sin ser celíaco?

Los síntomas de la intolerancia al gluten pueden ser muy inespecíficos, es decir, que otras enfermedades pueden dar síntomas parecidos, como el intestino irritable, la enfermedad de Crohn, etc. Por eso, dar por hecho que tenemos celiaquía no es una buena idea.

Por otro lado, hay algunas enfermedades que pueden confundirse con la celiaquía, ya que el trigo también puede fastidiar los intestinos: la intolerancia al gluten no celíaca y la intolerancia al trigo. Sin embargo, estas intolerancias son muy raras y siempre se diagnostican tras descartar la celiaquía. Por eso nunca es recomendable dejar de comer esta proteína por iniciativa propia, porque podría falsear el resultado de las pruebas que te pidan y quedarte sin un diagnóstico adecuado.

 

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La celiaquía, ¿tiene cura?

La celiaquía no tiene cura, pero sí un tratamiento muy eficaz: una dieta con cero gluten. Eliminando totalmente de la dieta esta proteína que contienen algunos cereales desaparecen los síntomas y los riesgos añadidos. Eso sí, hay que ser muy estricto y riguroso.

Mitos

Hay dos mitos entorno a la dieta libre de gluten: que es fácil y que es cara.

En primer lugar, no es una dieta fácil porque casi todos los productos procesados contienen cantidades considerables o bien trazas de él. Desde salchichas y embutidos hasta postres lácteos y bebidas, hay pocos que se salven.

En segundo lugar, no tiene por qué ser una dieta cara. Es cierto que los productos procesados libres de gluten (deben llevar el certificado correspondiente) tienen un precio más elevado. Pero, por otro lado, se puede simplemente prescindir de ellos y llevar una dieta a base de alimentos frescos y no procesados que son naturalmente libres de gluten y, además, muy sanos.

Así que sí, es cierto que deberás prescindir de muchas cosas. Pero, por otro lado, puedes adaptarte a una alimentación mucho más sana basada en legumbres, carnes, pescados, huevos, frutas, verduras, hortalizas, tubérculos y cereales y semillas sin gluten como el arroz, el maíz, la quínoa o el amaranto. Disfrutarás comiendo y, lo más importante, estarás cuidando de tu salud.

 

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*Contenido validado por el equipo médico de mediQuo.