Aún no ha llegado al año de vida y no sabes qué hacer con los mocos de tu bebé. Cada dos o tres semanas, despierta con mocos y no encuentras la manera de solucionarlo. Antes que nada, ten calma. Es normal que tu bebé presente mucosidad y que esta aparezca con frecuencia. Por algo coloquialmente a los niños se les llama “mocosos”.

Piensa que es muy pequeño, está desarrollando su sistema inmune y la presencia de mocos indica que este está funcionando normalmente. Los cambios repentinos de temperatura, algún familiar enfermo que haya estado cerca o el polvo del hogar son algunas de las causas habituales. En principio no debes preocuparte si tu bebé solo tiene mocos, pero come y duerme bien, juega y se encuentra activo.

Con la llegada de los meses fríos, los mocos en la nariz de tu niño serán más frecuentes aun.

¿Cuándo debo preocuparme?

Los mocos son la primera protección que tiene la nariz para impedir la entrada de elementos extraños, como gérmenes y virus, al organismo. Además, mantienen hidratadas las mucosas. Teniendo en cuenta que los bebés respiran por esta vía, ya que aún no saben hacerlo por la boca, cuando algo irrita la zona entonces se produce mucosidad. Hay más de 200 virus que generan mocos, pero la mayoría no desemboca en una enfermedad. Incluso cuando tu hijo pesca un catarro y se cura, los mocos siguen allí de 10 a 15 días. Sí, es muy molesto tanto para tus hijos como para ti, pero lo cierto es que la realidad marca que tu hijo tendrá mocos por lo menos ¡cinco de los doce meses del año!

En definitiva, cuando tu hijo tenga mocos no debes hacer mucho más que limpiarlo salvo que:

¿Qué puedo hacer?

Si tu hijo no respira bien por exceso de mucosidad, entonces deberías hacerle lavados nasales. De acuerdo con la Asociación Española de Pediatría (AEP), este procedimiento debe ser realizados tantas veces como sea necesario. El mecanismo es simple, aunque a veces algo molesto para el bebé. Algunas recomendaciones:

  • Hacer los lavados antes de dormir y antes de comer.
  • Puedes estirar al niño, boca abajo o boca arriba, pero con la cabeza mirando hacia un lado. También puedes envolverlo con una manta para sujetarlo, ya que seguramente se moverá y así evitarás que se golpee.
  • Carga una jeringa (obviamente sin la aguja) con 1,5-2 ml de suero fisiológico (hasta 5 ml en niños mayores) e introdúcelo a través de la fosa nasal que quede más alejada del apoyo de la cabeza.
  • No te olvides de poner una toalla debajo de la cabeza, ya que por la otra fosa nasal se expulsará el suero y el moco. También es normal que el bebé trague algo o todo el líquido.
  • Repite la maniobra con el otro orificio, rotando la cabeza del bebé hacia el lado contrario.
  • Si la nariz sigue congestionada, puedes repetir la operación.

 

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La AEP no recomienda el uso de los aspiradores de secreciones (saca mocos) ya que la succión puede generar molestias en los oídos y resecamiento de la mucosa. Solo debes utilizarlo con algún moco seco que no se pueda quitar con un pañuelo y que impida la respiración del pequeño. Además, tanto los jarabes como los mucolíticos tampoco son de utilidad, e incluso pueden tener efectos adversos. También te puede interesar el contagio de virus en la guardería o en el colegio.

Si después de estos lavados, los mocos persisten o el bebé presenta algunos de los síntomas antes descritos, entonces consulta con el pediatra, pero no le automediques porque podrías empeorar la situación.

Algunas pautas para disminuir o atrasar (al menos un poco) la llegada de mocos a la nariz de tu hijo:

  • Mantenlo muy bien hidratado ya que el líquido ayuda a disolver los mocos.
  • Evita los ambientes extremadamente secos (con aire acondicionado) y con humo.
  • Trata de no someterlo a cambios repentinos de temperatura.

 

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