Las mujeres vivimos más, pero peor. Es decir, aunque estadísticamente tenemos una esperanza de vida más larga, también tenemos más riesgo de enfermedades y una calidad de vida más baja en la vejez. Afortunadamente, vivimos en el siglo XXI y podemos tratar y curar muchas de las afecciones que hicieron sufrir a nuestras abuelas. Pero, para ello, es muy importante recurrir a la prevención antes que curar, y detectar a tiempo las enfermedades más peligrosas para tratarlas antes de que el daño sea irreparable.

A continuación, detallamos cuáles son las pruebas de prevención (también llamadas cribado o screening) a las que deberíamos someternos todas nosotras.

Exploración ginecológica y citología

Se recomiendan las revisiones ginecológicas de rutina una vez se hayan iniciado las relaciones sexuales, o bien a partir de los 25 años. Dentro de estas exploraciones, una de las pruebas más importantes es la citología, que permite observar si existen células anómalas en el fondo de la vagina y el cuello del útero, lo que podría indicar el desarrollo de un cáncer de cérvix.

¿Cada cuánto hay que hacerse una citología?

Aunque la periodicidad puede cambiar según cada sociedad científica y siempre se personaliza según la paciente, la recomendación de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), en pacientes de bajo riesgo, es que como máximo se haga una citología a los 3 años de haber iniciado las relaciones sexuales, posteriormente cada año durante dos años y, si los resultados son negativos, se podrá espaciar el cribado a una vez cada tres años.

¿Cómo se hace?

Con un bastoncillo se toma una muestra de la mucosa del interior de la vagina. No suele causar molestias si estás relajada. Después, la muestra arrastrada con el bastoncillo será analizada bajo el microscopio en el laboratorio. Este análisis se conoce como “Pap Test” o “Test Papanicolau” en honor a su inventor.

 

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Mamografía

De todas, quizá es la más conocida. Ya en la década de los 90 se pusieron en marcha programas para detectar precozmente el cáncer de mama y tratarlo lo antes posible. Se ha demostrado que realizar mamografías periódicas a mujeres sanas ha permitido reducir entre un 15 y un 20% las muertes por cáncer de mama.

¿Cuándo me la tengo que hacer?

En el programa de cribado del cáncer del Sistema Nacional de Salud se recomienda la mamografía cada 2 años en las mujeres de entre 50 y 69 años (cuando más riesgo existe de desarrollar cáncer de pecho). Sin embargo, en aquellas mujeres con antecedentes (por ejemplo, si su madre falleció por esta causa), se recomienda empezar estas pruebas a partir de los 40 años, o incluso antes si se ha detectado un componente genético.

¿Cómo se hace?

En esta prueba se observan las mamas por Rayos X en una máquina especial. Se coloca el pecho sobre una superficie y el mamógrafo irá comprimiéndolo gradualmente mientras lo analiza. Puede ser un poco molesto, pero es necesario para una buena observación.

Sangre oculta en heces

Esta prueba ha ido sustituyendo progresivamente a la colonoscopia, con el objetivo de detectar precozmente el cáncer de colon. Aunque el diagnóstico solo puede realizarse mediante colonoscopia, el test de sangre oculta en heces es fiable, más cómodo y entraña muchos menos riesgos.

Obviamente, se trata de una prueba que deben realizarse tanto mujeres como hombres.

¿Cuándo me la tengo que hacer?

Se recomienda hacerla cada 2 años entre los 50 y los 74 años de edad.

¿Cómo se hace?

Tu médico te pedirá una muestra de heces que deberás recoger con un palito en tu domicilio y llevarlo en un bote, como las muestras de orina. Después, se analizará en laboratorio en busca de pequeñas cantidades de sangre que no se pueden observar a simple vista.

 

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*Contenido validado por el equipo médico de mediQuo.