El síndrome del bebé zarandeado o sacudido es una forma de maltrato infantil que puede provocar una lesión cerebral grave y se produce por sacudir violentamente a un bebé o a un niño pequeño de hasta 2 o 3 años. Este síndrome es también conocido como traumatismo craneal o de hiperextensión cervical.

Generalmente, ocurre en los niños lactantes, en los que hay una desproporción exagerada entre el gran tamaño de la cabeza con respecto al resto del cuerpo, mientras que la musculatura del cuello se encuentra aún con un tono muscular insuficiente para soportar el peso y las oscilaciones de la cabeza.

Aunque no se conozca mucho, es algo relativamente frecuente con una incidencia en el mundo de entre 20 a 25 casos por cada 100.000 menores de dos años.

Causas y consecuencias de este síndrome

La cabeza de un bebé pesa alrededor del 25 % de su peso total y los músculos del cuello no están lo suficientemente desarrollados para sujetarla bien. Además su cerebro es frágil debido a su temprana edad. Las lesiones se producen por la sacudida violenta y llegan a producir falta de oxígeno y una inflamación del cerebro, sangrado e, incluso, lesiones en la médula espinal.

Generalmente ocurre cuando un adulto sacude intensamente a un bebé o niño pequeño por frustración o ira, a menudo porque el niño no deja de llorar. No es un síndrome que, por norma general, pueda darse jugando con el niño y, por ello, se relaciona con una forma de maltrato.

En ocasiones después de que el cuidador tenga esta reacción, el niño queda como adormilado, pero en otras se produce una irritabilidad mayor. Es muy posible que tenga secuelas a largo plazo que llegan a la parálisis cerebral, ceguera y epilepsia y, por si parece poco, uno de cada diez casos acaba en fallecimiento del bebé.

Si este tipo de acciones se realizan de forma repetida, aunque sin excesiva fuerza, el niño acabará con problemas en el aprendizaje, en el habla y con falta de coordinación.

Prevenir el síndrome del niño zarandeado

Simplemente con no llevar a cabo comportamiento como los descritos más arriba, la prevención está garantizada. Cómo hemos comentado, es casi imposible causar este daño en el juego u otras situaciones. Pero si se producen acontecimientos que llevan a intentar mover en exceso al niño se debe actuar con prudencia:

En los casos de atragantamiento, ataques de tos, etc. hay que coger al niño en brazos, ponerlo boca abajo o dejarlo sentado inclinado hacia adelante y masajear la espalda o golpear con la mano abierta.

En momentos de juego con el bebé, hay que tener especial cuidado en los primeros meses y años. No promover juegos bruscos que zarandeen la cabeza. Cómo hemos comentado este síndrome se produce cuando el zarandeo es intenso y intencionado y es muy poco probable que el juego desencadene esta dolencia.

Si después de esta lectura, has vivido alguna situación a tu alrededor donde los padres pierdan el control de sus emociones, es importante que alertes de la situación para prevenir las lesiones anteriormente mencionadas en este artículo. Debemos ser conscientes de que el trato violento hacia los menores no reconducirá nunca la situación.

 

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